¡CON LA VERGÜENZA, LA DIGNIDAD Y EL VALOR SE LOGRA LA VICTORIA!

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El rescate del brigadier Sanguily.

“La centralización hace desaparecer ese individualismo cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al “comunismo” no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción, destruyendo su libertad”. 

-Ignacio Agramonte.

Era el amanecer del 8 de octubre de 1871, el día anterior Ignacio Agramonte había acampado con unos 70 jinetes en el potrero de Consuegra, al sur de la ciudad de Puerto Príncipe, “Camagüey” con el propósito de descansar luego de un ajetreado mes de largas y fatigosas jornadas. 

El brigadier Julio Sanguily, siempre conocido como un disciplinado, valeroso, y alto oficial de confianza de la tropa agramontina, pidió permiso y fue autorizado para visitar, junto a sus escoltas, el rancho-enfermería cercano de Cirila López Quintero, a fin de dejar a 3 enfermos bajo su cuidado, para que le lavaran su ropa, descansar de la marcha y recuperarse de unas heridas.

Sanguily quien no hacía mucho había sido herido de gravedad en su pierna izquierda, había quedado bien afectado en la movilidad y uso de la misma de tal manera que precisaba de ayuda para montar a caballo, y había que amarrarlo y también desmontarlo, pero ni así dejaba de combatir, ni de inspirar respeto, afecto y admiración de sus subordinados y de sus superiores.

Según varias versiones, mientras aguardaba por el vestuario y su desayuno, fue atrapado por una patrulla que formaba parte de una columna española, dirigida por el general Sabas Marín; lo sorprendieron y se calcula que la misma era de aproximadamente 120 hombres, aunque algunos relatos hablan de 300 efectivos. Sanguily, auxiliado por su asistente, Luciano Caballero, intentó infructuosamente alejarse del lugar, pero un sargento español logró apresarlo. Con posterioridad fue llevado hasta el Jefe de la columna española, el cual le dirigió algunas preguntas para conocer dónde se hallaban Ignacio y Eduardo Agramonte, pero Sanguily no le respondió.

Luciano Caballero logra escapar

Luciano Caballero, logra alejarse del lugar de los hechos e informa lo sucedido al capitán Federico Diago, ayudante de Agramonte, el cual comunicó la noticia al Mayor. Éste le describió la terrible circunstancia de que la tropa española, al saber la importancia de su prisionero, había emprendido la marcha hacia Puerto Príncipe donde de seguro le harían un rápido consejo de guerra y lo fusilarían de acuerdo con las órdenes y prácticas habituales que aplicaban a los mambises.

 

Agramonte, sin averiguar cuántos eran los enemigos, sino en qué lugar estaban, ensilló su caballo nombrado Mambí y se dirigió a sus 70 soldados:

 

«Mis amigos, la cuestión está clara. Al brigadier Sanguily lo han hecho prisionero los españoles. Todo el que esté dispuesto a rescatarlo o morir, que dé un paso al frente”.

 

El Mayor improvisa una fuerza de 35 jinetes: a la vanguardia va el capitán norteamericano Henry Reeve, conocido como El Inglesito, con cuatro rifleros de la escolta; el resto quedaba a las órdenes del comandante Manuel Emiliano Agüero, donde también iba Agramonte con sus ayudantes.

Regresó Reeve, quien informó a Ignacio Agramonte que los españoles, sudorosos y cansados, se arremolinaban a beber agua alrededor del pozo situado en el potrero de la finca «La Esperanza», propiedad de Antonio Torres, muy próximo a la ladera de la loma del lugar. Ante tal situación Agramonte desenvaina su machete y le ordena a sus hombres que es preciso rescatar a Sanguily vivo o muerto o perecer en la demanda.

– El terror entre los españoles

Julio Sanguily iba atado a la cabalgadura de un sargento y estaba vestido con uniforme español, para evitar que sus compañeros lo tomaran por enemigo gritó ¡Viva Cuba Libre! y trató de dirigirse al bando cubano, ante lo que el suboficial que lo custodiaba lo hirió disparándole en una mano. Cuando se aprestaba a rematarlo, fue ultimado por un oportuno machetazo mambí, mientras que al brigadier lo sacaron los bravos insurrectos del campo enemigo en la grupa de un caballo.

 

Literalmente los mambises entraron por el frente de la columna española y salieron por el otro extremo con Sanguily. Tras de ellos quedó una diezmada y desmoralizada tropa que los cuadriplicaba y a la que le hicieron 11 bajas mortales y capturaron decenas de caballos, monturas, una tienda de campaña y una buena cantidad de proyectiles, revólveres y sables. 

El Mayor Ignacio Agramonte, muy emocionado, al ver que se había logrado el objetivo estrechó fuertemente en sus brazos a su amigo Sanguily.

 

Esta brillante acción es ejemplo de coraje, dignidad, lealtad y valentía de El Mayor. El propio Agramonte comento sobre la acción de rescate:

 

«Salí con ellos logrando alcanzar al enemigo en la finca de Antonio Torres, cargué por la retaguardia el arma blanca y los nuestros sin vacilar ante el número ni ante la persistencia del enemigo, se arrojaron impetuosamente sobre él, lo derrotaron y recuperamos al Brigadier Sanguily y cinco prisioneros más. Nuestra persecución les siguió a larga distancia hasta dispersarles por completo. El enemigo dejó once cadáveres. (…) Mis soldados no pelearon como hombres: ¡Lucharon como fieras!”

 

“PROHIBIDO OLVIDAR “.

Alfredo López

Autor: Alfredo López

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